jueves, 6 de octubre de 2011

El último gran mago

Estamos aquí­ para dar un mordisco al universo. Si no, ¿Para qué otra cosa podemos estar aquí­?

Esta mañana,  en el desayuno, solo se hablaba de Steve. De que había decidido irse. De que Apple ha perdido a su padre, de que el mundo se ha quedado un poco más huérfano con la muerte de un genio.

Se marcha el hombre que se anticipó al tiempo, una mente maravillosa, la personificación de la innovación, una inspiración mundial, un mito. 

Él arriesgó y ganó. Luego perdió, ganó, perdió, ganó; se caía, se levantaba, fundaba una empresa, lo echaban, lo volvían a contratar… Siempre avanti. Aprovechó todo su talento sin complicarse la vida, poco a poco, escuchando, experimentando y arrasando desde el primer día. Se puede escribir mil cosas sobre su vida, su discurso de Stanford, su relación con Bill Gates, sus inventos… Pero ya tenemos suficiente con twitter y toda la red para leer cómo ha reaccionado el mundo ante tal suceso.

Me ha dado un poco de pena, sobre todo, después de leer el artículo que XLSemanal le dedicaba el pasado domingo, dónde Jobs hablaba sobre su cáncer y su familia. Porque es la típica persona de la que oyes hablar casi cada día. Cada día oyes en los medios algo sobre Apple. Y lo tienes muy presente, de manera que cuando desaparece, te das cuenta del papel que jugaba en este mundo. Y le debemos mucho. Revolucionó la forma en la que el ser humano escribe y diseña en el ordenador y escucha música, habla por teléfono y navega por la Red. 

Dejándose llevar por su imaginación, improvisando y apostando por lo diferente, poco a poco, revolucionó al hombre. Por eso y todo lo demás, será recordado siempre.

sábado, 1 de octubre de 2011

EL TRIUNFO DE LA VERGÜENZA

-Yo no soy chulita, así que ten mucho cuidado, ¿vale?-

Husmeando un blog, pude leer un artículo sobre los españoles más populares del momento en el que según un estudio realizado por Personality Media, el hombre más famoso en España es Pau Gasol, seguido de Rafa Nadal, Iker Casillas, Iniesta, Josep Guardiola… Y entre las mujeres, encontramos a la oscarizada Penélope Cruz, Leticia Ortiz, la duquesa de Alba, etc. La nota desafinada llegó con el nombre de Belén Esteban, quien está entre las diez mujeres más populares de nuestro país ¡Belén Esteban!¡Qué bajón! Qué triste que se le de tanta importancia y se venere a alguien de este calibre (porque las abuelitas y niñas tontas que ven estos programas adoran a la “princesa del pueblo”).

Belén Esteban no tiene estudios. No es guapa, no sabe bailar, no es actriz, no es aristócrata, no está casada con un famoso, no ha ganado un premio importante. Belén Esteban no tiene méritos. Su único mérito ha sido acostarse con un torero. Y de ahí surgió su hija Andreita, el gran chollo. Aún así, hay que admitir que lo que consigue es, como mínimo, digno de ser recordado. En España no se habla de prensa rosa, se habla de la Esteban. Es un prodigio, reúne audiencias millonarias, retroalimenta otros programas, ocupa portadas en las revistas, inunda la red, capta publicidad, inspira libros y tesis doctorales y es objeto de debate. ¡Es la leche! Por eso, nos guste o no, siempre será recordada.  Pero no se convertirá en un ejemplo, en un modelo a seguir.

Augusto Klappenbach se queja a Libro de Estilo alegando que “hacerle publicidad a una mujer que representa lo más mediocre y zafio de la cultura de este país hace pensar que ese periódico ha tomado partido por la telebasura”. Félix Moral habla sobre “un publirreportaje indigno al servicio de Telecinco". Julio Fernández declara “tanto las cadenas donde aparece la Esteban, como las pobres personas que se quedan horas viendo estos programas, no tienen gusto por la cultura”. 


¿Por qué una persona sin preparación ha alcanzado unos índices de popularidad sin precedentes en este país? ¿Por qué triunfa este modelo de televisión? 

Para empezar, trabaja sin guión, improvisando, sin cortarse un pelo. Esto gusta. Además, todo lo que ve lo relaciona con su familia y su entorno. Funciona. Sigue un estilo basto y machista. Es ambivalente, con rasgos muy femeninos (la madre que mata por su hijo) y también muy masculinos (su mala leche). A lo largo de sus diez años en televisión, se ha profesionalizado, sabe cuándo y cómo mirar a la cámara, integra perfectamente realidad y ficción, y provoca suspense. No le hace falta actuar, porque habla de su vida real, está vendida al público, a quienes alimenta diariamente de morbo, de sensacionalismo, de mierda. Y ella no es consciente, no sé da cuenta de lo qué hace. Y aunque finja ser feliz como siempre dice: “Gracias a Dios, mira como estoy, de puta madre”, es muy, muy, muy desgraciada. Es el gran bufón de España. Pero está triunfando… 

Algo se nos ha escapado, porque personas de esta categoría está alimentando a nuestra sociedad paleta y necia.  ¿Qué nos ha pasado? ¿Cómo hemos llegado a esta España de la incultura y el ridículo? ¿Por qué hemos tolerado un país donde exceden los catetos, donde todo es fútbol y nada más? La culpa… es lo de menos, claro que debemos pedir cuenta a los gobiernos de unos y otros, y a las televisiones por la venta diaria de basura, de vergüenza, de veneno. Aún así, los que se dedican a ver estos programas, los que están abandonando la lectura, los que pierden el ánimo por ilustrarse un mínimo, somos nosotros. Gracias a nosotros personas como Belén Esteban están donde están. Se preguntaba Jorge Allín, periodista de La Vanguardia, si el hecho de que Belén Esteban consiga audiencias millonarias en programas de telebasura, ¿es mérito suficiente para justificar esa preeminencia informativa? Está claro que en un país donde se valore un mínimo la cultura, no es mérito suficiente… pero aquí la cultura es lo de menos.

¿Qué podemos hacer para evitar que surja otra Esteban?¿Es posible reculturalizar a los jóvenes españoles?¿Dónde está la clave?¿En la familia, en el Ministerio de Educación?¿Qué pensáis vosotros?

Os adjunto dos links para más información:

lunes, 12 de septiembre de 2011

Si nos levantamos pronto, arrasaremos



Ayer leí en La Vanguardia una de estas típicas noticias que la gente pasa por alto: Los españoles, los más pesimistas de Europa según el barómetro del CIS. El 74% cree que el futuro estará lleno de incertidumbres. La mayoría prevé un empeoramiento del paro, la inseguridad, las drogas, el medio ambiente, la vivienda, la inmigración y las pensiones.

Es una noticia que puede preocuparte o motivarte. Porque... ¿Cuántos se habrán planteado que si hay un 74% de españoles pesimistas, significa que hay un 26% optimistas, o por lo menos con esperanzas? Si no lo habías pensado, pregúntate si formas parte de ese 74%. Pero, ¡don't worry, be happy! Haz una cosa, cuando vayas por la calle, fíjate en las caras, en los rostros de los demás. Verás que unos caminan con cara larga, cansados; otros con el ceño fruncido, preocupados por algo; y otros andarán con una expresión serena, como sonriendo. 

Hay quienes creen que pensar en positivo y poner buena cara es estar ciego ante la realidad. Planteado en estos términos, el mundo se divide en dos: los que ven la botella medio llena y los que no ven ni el recipiente. Hay quienes esperan, y quienes van a por ello. Quienes no preguntan; quienes no paran de buscar. Quienes se rallan enseguida, quienes disfrutan con cualquier parida. Quienes fracasarán, quienes arrasarán. Quienes van dormidos, quienes iluminan.Quienes morirán, quienes vivirán.


martes, 23 de agosto de 2011

HA LLEGADO LA HORA DE LOS VALIENTES


No hay palabras para describir lo que vimos y sentimos en el aeródromo más famoso de  nuestro país. Cualquier adjetivo se queda corto, cualquier foto, cualquier frase. Porque me da la sensación de que Jesús estaba tan presente en cada instante, en cada encuentro, en cada mirada, que estar ahí, aún teniendo esas condiciones climáticas y largas horas de espera; era algo muy especial y único. Ahí estaba todo el mundo. ¡Todo el mundo y más! Y qué bien se estaba ahí, qué gusto y que privilegio. Privilegio de ser cristiano, de saber que Dios cuenta contigo y tú con Él. Seguro que mucha gente se dio cuenta en Madrid de que ser cristiano es el mayor chollo del mundo. Es lo máximo, es insuperable. Para esto se creó la JMJ. Porque somos muy tozudos y humanos, y no nos damos cuenta de esto. Y si hay que montar un súper encuentro cada tres años para recordárnoslo, pues se monta.
Yo me quedo con la ilusión de todo lo vivido en Madrid. La semana previa a la celebración. Los nervios y las ganas. Las risas. Jóvenes sin complejos de todos los colores y lenguas, al ritmo de “¡Follow de leader, leader!”. La esperanza. Los más de 35º grados de calor. El esfuerzo. La mochila de peregrino. Un agradecido abanico, la tibia y azul cerveza, la mejor medicina en forma de cruz con un original prospecto. El compromiso. Un gorro australiano para cubrirte del sol del agosto español. Cibeles y Neptuno guiando a la masa hasta la puerta de Alcalá. Los bellos pasos andaluces. Caminar sin parar sabiendo que no podrás ir más allá. Conseguir colarte a base de sonrisas. Dos segundos de papamóvil que te iluminan el corazón. La emoción. Confesarte en el Retiro. Ver todas las órdenes religiosas y movimientos católicos en un solo día. El ideal de santidad. Compartirlo todo. Que los madrileños te mojen desde sus ventanas con cubos llenos de agua fresca. Estar media hora buscando tu saco a las cinco de la mañana, entre miles de peregrinos durmiendo, intentando no pisar a nadie. Largas conversaciones con desconocidos sin entender nada, pero riendo sin parar. La solidaridad. El caos en el metro. El estrés buscando las acreditaciones. La confianza. El coro de la JMJ. Los voluntarios que te mojan a manguerazos. La sonrisa tímida del Papa. Tragarte el sabroso polvo de Cuatro Vientos. La mejor lluvia. Los gigantescos rayos. Aquel desorden ordenado. Encontrarte a todas horas a conocidos. Los de aquí y los de allá. El cardenal Rouco. Río de Janeiro. Madrid. ¡España! Nuestro Papa. La Virgen. Jesús. Arraigados en Cristo. Firmes en la Fe.
Más de un millón y medio de jóvenes arrodillados en el barro adorando al Santísimo. 24.500 voluntarios que se dejaron la piel. 4.700 periodistas acreditados y 600 millones de espectadores en todo el mundo. 1.373 efectivos de limpieza que limpiaron las 127 toneladas de residuos. 2.500. 2.151 asistencias sanitarias.
Pero las JMJ no se acabaron. Todo empieza ahora. Sin miedos. A saco.

Deo Omnis Gloria

sábado, 30 de julio de 2011

La Vida del siglo XXI

Está siendo un verano movidito, con un clima egoísta y la vieja crisis que nos pone de vez en cuando un tanto nerviosos. Da la sensación, que al leer el periódico o ver el telediario, encontramos más malas noticias que buenas, pero hay que contraatacar antes de que este pesimismo nos pille a todos sin estar preparados. Dejemos de pensar en la pasta, porque la crisis del dinero es menos importante que la crisis del espíritu. Dediquémonos a formarnos para humanizar la sociedad, Europa, el mundo, y si hace falta, Narnia. ¡Que no puede ser que un ser humano del siglo XXI se esté especializando en ser un egoísta maquiavélico!
Justo sobre esto me mandó un amigo un mail. Un mail cojonudo y larguísimo sobre cómo está el patio en la vida moderna del maravilloso siglo XXI. He dividido el mail en dos partes. La primera habla sobre eogísmo y la segunda, sobre cómo salvar esta delicada situación:
- Parte 1 -
Hoy la gente no está por la labor de arriesgar. Se busca la seguridad, el confort, el bienestar, la comodidad, la riqueza, el lujo, el derroche… No hay más limitaciones que la capacidad de hartazgo. Si no bebo más, no es por templanza, ni por sobriedad, es porque me caigo pedo al suelo, no por falta de ganas…
 ¿Has visto la de matrimonios "recién casados" que no tienen pensado tener hijos? Dicen que eso es cosa de los emigrantes, que no tienen tiempo para limpiar culos, que ahora están para disfrutar, que eso se lo plantearán después, que los hijos ya vendrán luego, cuando no puedan hacer otra cosa, con un in vitro y gastándose un porrón de dinero, para que luego les salgan bichos, en vez de hijos. “Es que es mucha responsabilidad para mí, no estoy preparado" (¿y la que tus padres tuvieron contigo...?).
Nos matamos a trabajar. No hay límite al esfuerzo, siempre que tenga resultados en dinero. Para lo demás, ya vamos más despacio y con más cuidado: para atender a nuestra familia, para ayudar a nuestros amigos, para atender a los menos favorecidos… Eso que lo hagan las monjas, o el gobierno, que para eso están. ¡Es de ley! Pero la gente es la pera. Sólo piensa en el dinero, en el dichoso dinero. Viven para ser los muertos más ricos del cementerio.
Si cuando tenías que hacer deporte, hacías botellón, no te habrás desarrollado muscularmente, no habrás crecido, ni tendrás desarrollado tu cuerpo. Si cuando tenías que prepararte para la vida profesional, te dedicaste a las fiestukis, después eres un impresentable y un inútil. Si cuando tenías que preparar tu generosidad para darle tu corazón entero, noble y limpio, a la futura madre de tus hijos, y en vez de eso te dedicabas al revolcón de los viernes, te habrás convertido en un asqueroso lascivo desarreglado y obseso sexual. Y si cuando tenías que desarrollar tu paternidad, te dedicas a vivir como un adolescente caprichoso y nuevo rico, cuando vengan los hijos no sabrás ni qué  hacer con ellos, porque se te habrá pasado el arroz, y no tendrás ya ni el aguante, ni el cariño, ni el amor, ni la entrega que son imprescindibles para sacar una familia adelante. Punto. Eso es así.

sábado, 23 de julio de 2011

La mode et des apparences

Reflexionar sobre la moda es reflexionar sobre el ornato egocéntrico, pero lícito, de cada uno. Intervienen en esta reflexión el adorno, la compostura, lo efímero y en definitiva, la apariencia. ¿Por qué unos se compran un Lacoste y otros compran uno falso en el mercadillo, o por qué unos se compran unas Rayban y otros compran baratas copias al topmanta? ¿Por la calidad, el poder adquisitivo, por la estética… o para parecer alguien fashion y molón? Todos hemos sido y somos de vez en cuando fashion victims porque es inevitable. Nuestra sociedad materialista valora demasiado lo efímero y lo importante no es quién eres, sino qué tienes. Por eso nos ocultamos, queriendo o sin querer, vistiendo ropa llamativa.
Atención a lo que dice  Rocío Mier y Virginia Aspe en su artículo sobre las apariencias: “Hoy, el lenguaje es poético. Es decir, hay una tendencia actual a conocer desde la sola apariencia y las emociones. Se prefiere lo misterioso y subjetivo; lo oculto, pero manifestado por una apariencia que remite a algo más”. Por ejemplo, los hippies,  un movimiento cuya apariencia remitía a sus principios.
La clave del misterio es la que hace a la moda una paradoja. Sirve para diferenciarse del resto, pero a la vez es un acuerdo común, luego, la diferencia es individual, el consenso, universal. Fantástico. Pero pongámonos serios ¿Por qué cada vez vemos a más gente vistiendo de una forma pintoresca o estrafalaria? ¿Será por nuestra sociedad de consumo? ¿Los complejos de inferioridad o la baja autoestima? ¿Por gusto a la elegancia? Sea por lo que sea, siempre está ahí lo que el antropólogo Lipovetsky llama la magia de las apariencias, esa renovación de las formas con un valor mundano, una forma específica del cambio social. Curioso y divertido es intentar descubrir las conexiones entre la dimensión estética y el ser de una persona. El color de un vestido, su valor sensual, el tipo de tejido... Representan algo. Y es que la moda es una re-presentación, por eso supone experiencias pasadas, porque manifiesta la sensibilidad del hombre en el tiempo.
Concluyendo, la moda es siempre una apariencia que manifiesta o desvela algo. Así, crear la moda y vestirse, es un arte, un arte espiritual.


Anexo:



- El Imperio de lo Efímero. La moda y su destino en las sociedades modernas, Gilles Lipovetsky, 1987.
 

jueves, 7 de julio de 2011

Be water my friend


Decía Sócrates, mucho antes de que su patria se hundiera en el más hondo de los pozos europeos, que lo primero que tenía que hacer el hombre para entender la realidad es conocerse a sí mismo -Nosce te ipsum- y así controlar mejor sus emociones. Hoy en día es clave ser optimistas, andar sin complejos, sonreír, y más en un planeta como el nuestro… Porque vivimos acelerados y nos detenemos poco, o nada, en los pequeños detalles. Tengo que hacer, tengo que ir… ¿Tengo o quiero? Nos asfixiamos creándonos infinitas obligaciones sin poder relajarnos ni un minuto. Nos encanta estresarnos y peor aún, rallarnos.


En los años noventa, Daniel Goleman escribió un libro, Emotional Intelligence, en el que nos advertía que perdemos demasiado el tiempo y un 40% de nuestras energías en resolver conflictos que podrían haberse prevenido ¿Y si paramos el mundo y nos bajamos por unos minutos y nos regalamos  unos instantes, un café recién hecho, un pellizco de chocolate, una canción…? David Caruso, autor de The Emotionally Intelligent Manager, mantenía que es necesario identificar con precisión nuestras emociones, pues son un auténtico medidor del ánimo. Al final consiste en comprendernos para comprender a los demás y poder ayudarnos. Porque estamos viviendo una época en la que una sonrisa hace mucho, en las que unas simples palabras de ánimo dan esperanza; un tiempo que carece de motivación y liderazgo. Por esto es importante pararse y pensar, para poner fin al innecesario sufrimiento y alcanzar la plenitud que tanto anhelamos.
Conócete a ti mismo, aprende a manejar tus emociones, a crear la propia motivación y gestionar las relaciones. No nos damos cuenta del gran poder de las emociones sobre la mente pensante y seguimos con el frecuente conflicto entre los sentimientos y la razón. No te crispes, ni te regocijes en un aburrimiento interior sin salida a la espera de un rescate. Te ahorrarás muchas pérdidas de cabeza, porque al final, todo o casi todo, los peligros, las pérdidas dolorosas, la persistencia hacia una meta a pesar de los fracasos, el enfrentar riesgos, es muy superable, efímero e irreal, todo pasa. Por esto es importante entrenar a la mente y la propia fortaleza. Como la fuerza que transmite un maestro jedi, o como la que enseñaba el maestro Bruce Lee con un “be water my friend”. Como dice un santo: “¿Para qué ser aves de corral pudiendo volar como las águilas?”.